Los gatos saben cuándo les llaman por su nombre, pero prefieren ignorarlo

La ciencia ha demostrado que los gatos saben reconocer su nombre y el de otros, pero a menudo ignoran cuando se les llama si no ven un motivo evidente para responder.

Quienes tengan gatos se habrán encontrado más de una vez preguntándose esto: ¿Un gato reconoce su nombre? ¿Cuando se le llama y no responde, es que no lo ha entendido o simplemente lo está ignorando? Aunque duela, la ciencia ha demostrado que, en la gran mayoría de casos, es lo segundo.

Los estudios han demostrado que los gatos son perfectamente capaces de identificar no solo su nombre, sino el de otros, incluso mezclado con otros sonidos. Pero también se ha demostrado que, muy a menudo, estos animales deciden no acudir a la llamada si no ven un motivo evidente para ello.

¿LOS GATOS RECONOCEN SU NOMBRE?

La respuesta simple es que sí, los gatos reconocen su nombre, aunque no entiendan el concepto de “nombre”: para ellos, igual que para los perros, es una secuencia de sonidos que han aprendido a identificar como un reclamo de atención para ellos en concreto, del mismo modo que una orden; saben que, cuando alguien pronuncia dichos sonidos, está reclamando una interacción con él.

En 2019, investigadores de la Universidad de Sophia en Tokio llevaron a cabo un estudio que demostró con rotundidad que los gatos son capaces de identificar su nombre entre una secuencia de sonidos mezclados. El experimento se llevó a cabo con gatos domésticos y con algunos procedentes de los cat café, cafeterías donde los usuarios pagan, además de la consumición, por jugar con los gatos, ya que muchas personas viven en apartamentos de alquiler que no permiten mascotas.

A los gatos se les hizo escuchar una grabación con varias palabras mezcladas entre las cuales se encontraban sus nombres. La mayoría reaccionaron al escuchar su nombre: movían la cola, dirigían sus orejas hacia la fuente del sonido y maullaban. Los investigadores se dieron cuenta también que los gatos de la cafetería también reaccionaban al escuchar los nombres de los compañeros con los que interactuaban diariamente. El punto que más sorprendió a la investigadora Atsuko Saito, autora del estudio, fue que los gatos reaccionaron a la voz una persona que no conocían, por lo que concluyó que estaban reaccionando específicamente a sus nombres y no a la voz de alguien en quien confiaban.

POR QUÉ LOS GATOS NOS IGNORAN

Dicho esto, los amantes de los gatos podrían preguntarse por qué sus queridas mascotas decidirían ignorarles cuando les llaman, incluso si se trata de sus cuidadores principales. La clave está en algo que se ha dicho antes: para los animales, llamarles por su nombre equivale a reclamar una interacción con ellos. Y desde el punto de vista del gato, esa interacción debe tener un motivo más o menos evidente.

Hay momentos en los que un gato probablemente reaccionará a esta llamada porque corresponden a situaciones con un resultado predecible: si el humano los llama con el cuenco de la comida, si tiene un juguete en la mano o si está mostrando la actitud habitual cuando les ofrece mimos, el gato puede prever el resultado que se dará si responde a la llamada y, por así decirlo, le ve un sentido.

En cambio, si no puede identificar ninguna pista que le permita intuir qué resultado habrá, valorará si acude o no y, en la mayoría de ocasiones, probablemente no lo hará. Desde el punto de vista humano, y especialmente de su cuidador, puede parecer que el gato le ignora y esto puede molestarle. Pero para el gato, es un comportamiento instintivo e incluso prudente.

Hay que considerar que los gatos no son una especie social por naturaleza y no tienen la voluntad de complacer que puede tener un animal de manada, como un perro: estos reaccionarán al oír su nombre aunque no intuyan un resultado práctico, porque el propio vínculo social que supone es una recompensa suficiente, pero para los gatos no es así.

Si se quiere fomentar la interacción con estos pequeños e independientes felinos, los expertos en comportamiento animal recomiendan que siempre que se les llame se asocie su nombre con algo positivo, como caricias y comida; pero al final, dependerá siempre de la voluntad del propio gato o de las ganas que tenga de acudir en ese momento concreto.

Fuente: nationalgeographic.com.es

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