¿Qué es la Reunión Técnico-Científica de la Amazonia?

Por primera vez desde 2009, dirigentes de los ocho países de la región amazónica se reunirán para afianzar su cooperación por la protección de la selva. También asistirán líderes de diversas comunidades indígenas y de organizaciones de la sociedad civil, que esperan urgentemente un protocolo de acción para prevenir que la deforestación de la Amazonía alcance un punto de no retorno. La Cumbre de la Amazonía tendrá lugar en la ciudad de Belén, Brasil, el 8 y 9 de agosto. Analizamos los retos y alcances del encuentro.

En Belém, puerta de entrada a la Amazonía brasileña, se prepara desde hace días la Cumbre del Amazonas. Los presidentes de Bolivia, Brasil, Colombia, Guyana, Perú y Venezuela, más altos representantes de Ecuador y Surinam, se reunirán para crear una declaración conjunta por la preservación de la selva tropical más grande del mundo. 

La Amazonía, considerada como pulmón del planeta, es un territorio de 6,3 millones de kilómetros. Posee las mayores reservas de agua dulce, es hogar de 10% del conjunto de especies de animales y plantas de la Tierra, y de alrededor de 50 millones de personas. Entre ellas, más de 400 pueblos originarios.

La comunidad científica ha alertado que su destrucción se encuentra en riesgo de alcanzar un punto de no retorno, o de inflexión ecológica, a partir del cual emitiría más dióxido de carbono del que es capaz de absorber. 

Es por esta razón que una petición, que reúne a 50 ONG, reclama a los miembros de la cumbre la creación, de aquí a dos años, de un protocolo específico de preservación para evitar alcanzar ese punto. 

La Cumbre reunirá, entre otros, a los ocho países amazónicos miembros de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, formada en 1995 para fomentar la implementación del tratado de 1978, un instrumento jurídico que reconoce la naturaleza transfronteriza de la Amazonía. Se trata del único bloque socioambiental de la región latinoamericana. 

La cooperación regional con actividades y acciones conjuntas de los países por el desarrollo sostenible y la preservación de la Amazonía lleva congelada desde el 2009. Afinidades políticas entre los actuales gobiernos han permitido la organización de la cumbre, dos años antes de la COP30 en Brasil. 

En referencia al encuentro, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva dijo que es la oportunidad de “corregir el rumbo”. Así, el principal objetivo de la cumbre es formar una declaración con medidas concretas para salvaguardar la Amazonía y, de este modo, mitigar el cambio climático. El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil estima que en 2020, las emisiones de dióxido de carbono del territorio amazónico aumentaron un 117% con respecto al promedio anual entre 2010 y 2018. 

Además, la cumbre podría servir de escenario para los pueblos indígenas, que reivindican su derecho a ser incluidos en la formulación de políticas de protección de su tierra. 

«Pedimos a los grandes líderes mundiales un trabajo fuerte en favor de la conservación. Nuestra lucha no es sólo para los pueblos indígenas, es para el mundo entero, para que muchas generaciones puedan seguir sobreviviendo en este planeta», dijo Nemo Guiquita, líder de la organización Confeniae, que reúne a más 1.500 comunidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana. 

¿Cuáles son los principales puntos de la agenda?

La declaración de la Cumbre de la Amazonía deberá tener propuestas claras de lucha contra la deforestación y el crimen organizado que azota la selva tropical. 

El bosque del Amazonas ha perdido ya 13% de su superficie original, según datos del Proyecto Monitoreo de la Amazonía Andina. Brasil es el país en el que la deforestación ha sido más evidente, avanzando un 75% durante el gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro, quien negaba la crisis climática. Según datos del Gobierno brasileño, la deforestación entre enero y julio de 2023 cayó un 42,5% respecto al mismo periodo en 2022. Brasil se ha propuesto eliminar la deforestación de aquí a 2030.

La principal causa de la deforestación en Brasil es la industria de la ganadería: se estima que dicho sector ha consumido 20% de la Amazonía brasileña.

Una vista aérea muestra la deforestación cerca de un bosque en la frontera entre la Amazonia y el Cerrado en Nova Xavantina, estado de Mato Grosso, Brasil 28 de julio de 2021. Foto de archivo.
Una vista aérea muestra la deforestación cerca de un bosque en la frontera entre la Amazonia y el Cerrado en Nova Xavantina, estado de Mato Grosso, Brasil 28 de julio de 2021. Foto de archivo. © Amanda Perobelli/Reuters

«La deforestación no es únicamente responsabilidad de los países amazónicos… Está anclada en una agroindustria global, que genera beneficios en el norte global. Esas conexiones más remotas, a Europa, Australia, Norteamérica, deben formar parte del debate», dijo a AFP Paola Arias, profesora de la Universidad de Antioquia de Colombia.

Lula y el presidente colombiano Gustavo Petro se reunieron hace un mes en Leticia, ciudad amazónica colombiana, para preparar la cumbre. Entonces, manifestaron su acuerdo en que el contrabando de armas, el narcotráfico y la minería ilegal son unos de los mayores problemas que impiden preservar la naturaleza de la región. 

Bram Ebus, analista internacional de Crisis Group, estima que hay actividad criminal en un 70% de los municipios amazónicos. El saqueo de recursos naturales tiene impactos ambientales “inmensos”, aseguró en diálogo con France 24. 

Para el presidente brasileño, la cumbre permitirá que «por primera vez, de forma conjunta y cohesionada», los países amazónicos «asuman la responsabilidad de combatir» el crimen en la selva.

Una plataforma para los pueblos indígenas 

«La selva no es un pozo petrolero, no es una mina de oro, es nuestro templo», dijo a AFP Guiquita.

El encuentro busca darle un rol protagónico a los pueblos originarios, sus representantes buscan llegar con un mensaje colectivo. Toya Manchineri, líder de la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña, espera que los Estados se comprometan a demarcar los territorios indígenas. Mientras que Sonia Guajajara, primera ministra de Pueblos Indígenas en Brasil, creado por el actual Gobierno, explica que esa ha sido una de sus principales reivindicaciones de las últimas décadas.

Indígenas Yanomami siguen a funcionarios de la agencia ambiental de Brasil en contra de una mina de oro ilegal en el estado de Roraima, en el corazón de la Amazonía brasileña, el 17 de abril de 2016.
Indígenas Yanomami siguen a funcionarios de la agencia ambiental de Brasil en contra de una mina de oro ilegal en el estado de Roraima, en el corazón de la Amazonía brasileña, el 17 de abril de 2016. © Bruno Kelly/ Archivo Reuters

Las tierras reconocidas como pertenecientes a pueblos originarios son consideradas esenciales para la preservación de la Amazonía. Estas son vistas como una especie de barrera contra la deforestación, pues son explotadas de manera sostenible por las comunidades que las habitan. 

Entre el 4 y el 6 de agosto se organizaron en Belém los Diálogos Amazónicos, con el fin de incluir a las comunidades en el debate sobre las estrategias para el desarrollo sostenible de la zona. La Secretaría General de Brasil estima que participaron alrededor de 25.000 personas, provenientes de todos los países involucrados. Los líderes indígenas esperan que sus propuestas sean tomadas en cuenta en las conclusiones de la cumbre. 

“América Latina es la región más peligrosa del mundo para los defensores del ambiente y de los derechos sobre la tierra”, alerta Juanita Goebertus, directora de la División de Américas de Human Rights Watch. Y agrega: “Una mejor protección para las comunidades en la primera línea de defensa es clave para mantener nuestros bosques en pie, y mantenerlos en pie es clave para contener la crisis climática”. 

Cumbre de la Amazonía, posible gracias a un contexto político favorable

Los acuerdos internacionales en América Latina, según explica el politólogo Fernando Cortés a France 24, están altamente relacionados con las afinidades entre los gobiernos de turno. Esto significa que la aplicación de declaraciones y demás objetivos regionales son dependientes de los gobiernos y es más complejo que lleguen a ser políticas duraderas de los Estados. 

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, asisten al evento "Cumbre Camino a la Amazonía" en Leticia, Colombia, el 8 de julio de 2023
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, asisten al evento «Cumbre Camino a la Amazonía» en Leticia, Colombia, el 8 de julio de 2023 © REUTERS – PRESIDENCIA DE COLOMBIA

“Evidentemente, nos queda la duda sobre la solidez a futuro de estos acuerdos”, expresó. En ese sentido, Cortés asegura que la complejidad de la Cumbre de la Amazonía va más allá de la ideología política de los mandatarios implicados. Por lo que señala que la lucha contra el cambio climático depende de una transición del modelo económico. Actualmente, gran parte del sistema económico de los países amazónicos está basado en la extracción de recursos naturales. 

Según Cortés, esta es una de las razones por las cuales la preservación del Amazonas genera conflictos de interés entre distintos grupos económicos y defensores del medio ambiente. 

Sin embargo, “la Cumbre del Amazonas representa definitivamente una oportunidad para generar un acuerdo sólido”, argumenta el politólogo, gracias al sentimiento de urgencia de la crisis climática, y sobre todo, a la participación de la ciudadanía. 

«Aquí (los gobiernos) se están reuniendo para ver si encuentran acuerdos para hacer la paz con la naturaleza. Quiero tener la esperanza de que esto va a resultar en un paso importante para todos», declaró Sonia Guajajara. 

Con EFE y AFP

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